domingo, 17 de enero de 2010

Cuando tu hermana de 12 parece de 18

Cuando tu hermana de 12 se corta el flequillo y parece de 18... alarma de hermano mayor: activada. Más allá de cualquier chiste obvio, de esos del tipo "esta nueva generación de chicos se zarpó de danonino" o "les dieron mucha pechuga de pollo", la conclusión es un poco negativa para la gente de mi generación, los del '89. Yo recuerdo que en primaria todos éramos unos enanos sin remedio y si había un compañero alto, era porque era repetidor. Ese prejuicio estaba permitido.
Puntualmente el cambio se empezaba a notar en sexto o séptimo grado, cuando las chicas empezaban aser más altas y te miraban desde arriba. Y uno seguía esperando el famoso estirón justiciero. Recuerdo todavía a la gente de Johnson & Johnson calmándonos a los varones, diciendo que es normal que las chicas se desarrollaran antes. Recuerdo cómo al final de la charla nos hicieron salir a todos los varones para dejar solas a las chicas y entregarles tohallitas. Las pobres después se desvivían para esconderlas de nuestra mirada curiosa en el aula. En ese momento, crecer dolía en serio.
Pero ahora tenés pibes de 14 años que ya vienen con cuerpo de gimnasio. Y (no hay derecho) chicas de 13 que parecen de 20. Pibas que para mirarlas parece que tenés que pedirles el documento. Claro, para los varones que no tienen una hermana menor de esa edad, es demasiado fácil. A mí tampoco me importaría demasiado, si no tuviera un caso como éstos es mi propia casa.
Mi hermana tiene 12 años y desde siempre fue una adelantada a los hechos de crecimiento. Se pone un pantalón chupín y cuando salimos a comprar al supermercado, parece que la tengo que agarrar de la mano para evitar las miradas babosas. Sí, lo admito. Soy hermano mayor y el carnet de guardabosques ya lo tengo plastificado y colgando del cuello. Ella, cada vez me hace el trabajo más difícil. Casi recago a puteadas a un cartonero que se atrevió a silbarla. ¡Eh, tiene 12 años!
Y demás está decir que la moda "Casi Ángeles" no me ayuda para nada. Me complica más la situación. El mejor amigo de mi hermana es un cepillo para el pelo, y la ropa. Y la lucha es de todos los días, voy a buscar a mis hermanas a la salida de la escuela y las traigo a casa. Está de más decir que mi hermana se escapa con las amigas para venirse con ellas y sólo mi hermana más chiquita se queda a mi lado para tomar el colectivo. Claro, tiene nueve años y una necesidad básica de protección.
Mi hermana de 12 se va y empieza a conocer el mundo, como lo hacía yo a su edad. ¿Será por eso que yo reacciono así? A veces soy tan patético que no me reconozco a mi mismo. Pero de algo estoy seguro. No quiero que mi hermana termine como esas pibas que veo por ahí, que tienen una pollerita del mismo largo de la vincha que tienen en el pelo. Cris Morena, te recuerdo y te maldigo a cada momento.
Encima, hace una semana mi hermana se cortó el flequillo y parece de 18. Más que nunca. Le falta pelar ombligo y cagamos todos. Pero ahi estoy yo, para recordarle su edad, lo que tiene en la cabeza, que tiene mucho futuro y que se prepare para el Rancho. Creo que en estas líneas queda bastante claro lo paranoico que es ser hermano mayor hoy en día. Los que estén en mi situación me van a entender. Los que no, seguramente me van a decir que soy un loco incurable. Y lo peor, es que algo de verdad van a tener.

jueves, 7 de enero de 2010

10 AÑOS DE DEPORTE EN EL SERRANO CORNER

Una abuela rubia con rulos está sentada en un banco al costado de una cancha. Se llama Ana María. Tiene la mirada fija, concentrada. Está muy ocupada. Cada tanto, se escucha un grito de gol y ella saca un papel, una lapicera y anota. "Soy la que lleva el puntaje. Vengo a ver a mi sobrino", dice. No quiere ser entrevistada, está verdaderamente ocupada.
Su sobrino, un hombre de unos 30 años, está jugando con sus amigos en una de las seis canchas del Serrano Corner, un club deportivo ubicado entre Serrano y Padilla, en el barrio de (Almagro).
"Venimos acá porque nos queda cerca, es un lugar bien cuidado. Jugamos todos los martes a la noche, después del trabajo y la facultad, en una cancha fija", cuenta Matías después de usar una de las canchas. Tiene 22 años y es estudiante de ingeniería electrónica. Trabaja en Edesur.
Las canchas del Serrano Corner son sintéticas o de caucho para unos cinco, seis o siete jugadores por cada equipo. Son seis canchas, y cada una homenajea a una figura del fútbol con un dibujo en la pared. La número 1 tiene a Filliol, la 2 a Kempes, la 3 a Maradonna, la 4 a Batistuta y la 5 a Caniggia. La última es la más nueva. Tiene cinco años. Tiene pintada la figura de un juez de línea.
Débora trabaja hace ocho años en la cabina donde recibe las reservas para las canchas. "Voy manejando ser mujer y trabajar acá", confiesa. "El fútbol es un deporte con violencia", sostiene, "acá se han agarrado a trompadas, pero nunca hubo sangre ni botellas por la cabeza. Los compañeros enseguida separan a los que se están peleando". También reconoció que nunca tuvieron que llamar a la Policía.
Anteriormente el predio era una curtiembre, después un depósito y hace aproximadamente unos 10 años es el club que eligen centenares de niños, jóvenes, adultos, mujeres, hombres, para jugar deportes como el fútbol, básquet, hockey. Escuelas de la zona, como el San Javier y el Paideia utilizan las instalaciones para sus clases de educación física.
En la entrada, está el bar que tiene un gran televisor fijo en un canal deportivo. Allí los hinchas del club y de la zona se juntan para ver partidos. También está la infaltable vitrina con trofeos del club. Ahí funciona la escuela de fútbol "San Marcelino", cuyo equipo siempre juega de local en los torneos internos. Hay 18 copas en exhibición, de las cuales solamente dos son de un segundo puesto. Casualmente todas las demás, son de primer lugar. Un club como éste, debe estar respaldado por un equipo campeón.