sábado, 19 de diciembre de 2009

Del Rancho a Eter, y que la ironía empiece a girar... (2008)


Hoy a eso de las nueve de la mañana me tomé el 36 para ir a conocer uno de los lugares que seguramente van a ser los más importantes en los próximos años de mi vida. O eso espero.

Después de confundirme estúpidamente Acevedo con Eduardo Acevedo, de cruzar todo el Parque Centenario y caminar varias cuadras más, llegué.

Pedí la información, los requisitos, etc. Y me inscribo dentro de un par de días.

Todavía sigo en la emoción de que esto que alguna vez soñé, esté comenzando. Una cosa más para agradecerle a mi mamá eternamente, que me impulsa desde lo que puede.

Aunque todavía un par de materias me aten al Rancho, tengo la fe de que con un poco más de esfuerzo todo se puede... aparte voy a poner en práctica lo que aprendí en el Rancho: cuando tenés un problema enfrente, buscar una solución creativa y efectiva.

Vuelvo al mismo punto al escribir que a pesar de estar en la misión de recibirme de Técnico Químico, no me tiembla la voz al afirmar que quiero ser Periodista. Así, algún día, la Señora Mirtha Legrand (o lo que quede de ella) me presentará en su mesa como "Damián Salas, técnico químico, periodista..."

Claro, ahora lo que se viene son materias rarísimas... a ver qué entra en esta cabeza Ranchera.

Por supuesto, esto incluye también la búsqueda de un trabajo que respalde el pago de las cuotas, el pago del celular, la puesta a punto de mi cumputadora (que ya cumple cinco años la pobre), y tal vez... internet???
¿Cómo un futuro periodista no tiene internet? ¡por favor!

¿Mi misión? ¿Mi ambición?
Casi nada, vivir de lo que me llena realmente. Vivir para escribir: para informar, para divertir, para pasar el rato, para inclusive pensar...
Pero eso requiere que me enseñen a hacerlo correctamente, porque soy sincero al admitir que sé que me falta mucho mucho para aprender a "escribir".
Es más, si saben un par de cosas de literatura, van a poder darse cuenta de que muchísimas de mis oraciones tal vez ni tengan sujeto o predicado. Me causa gracia por ahora.

Y no parar hasta ver que un libro (que más allá del título) tenga las palabras "Damián Salas" como autor, para también en la parte de agradecimientos, poder cumplir uno de mis deseos más profundos: dedicarlo a mis amigos, a los que están siempre, a los que compartieron conmigo desde una charla, una risa, una salida, hasta lo más profundo y significativo. El Rancho seguirá por siempre en mí, y en las palabras de este futuro periodista, que empieza a formarse en Marzo de 2009.

Una parte importante de este nuevo desafío va a ser seguir contando con la fuerza que me aportan mis amigos, que están siempre, que arman salidas a las que me prendo sin dudar (o con la ayuda de Julián...).
Por ahí alguien que me lea se esté dando cuenta de que no paro de agradecer a mis amigos siempre que escribo algo, pero son, sinceramente, una de las cosas que me impulsan y me dan energía para darle adelante con todo lo que me proponga.

Y este va a ser un camino de 3 años, en los que espero seguir contando con las personas más importantes.

Y espero que todo lo que me enseñó el Rancho me acompañe siempre y no se me olvide nunca.

Gracias.

Chau chau Rancho (2008)


Dentro de algunos meses, voy a tener que dejar el Rancho.
Y esa es una idea que no me imaginé nunca.
El año pasado vi a mis amigos recibir su "diploma" y emocionarse al vivir ese momento. Yo, desde las sillas de los invitados, aplaudía y me emocionaba a lo lejos, pero no viví ese momento como ellos.

Ahora que ese momento se acerca, no sé que pensar.
Y pasa que todavía recuerdo cuando entré a primer año, a 1ero 5ta.
Tan chico, de cuerpo y mente. Llegué al Rancho con cinco amigos más de la escuela.
En esos días el Rancho te parece tan normal, tan corriente.
E incluso tan gris.

Lo único que me gustaba más que nada, eran los recreos. Salir al patio a amontonarme con mis amigos y con mis compañeros nuevos.
Quien pensaría que ahora, más grande, más viejo quizás, iba a odiar tanto ese momento: el recreo.
Salir a amontonarme con tanta gente, con tanta tribu urbana dando vuelta. ¿Para qué?

Y es que eso, junto con un montón de cosas más, cambiaron conmigo alrededor de los siete años que pasé por el Rancho.

A medida que avanzaban los años, y llegué al ciclo superior, el sentimiento sólo se afianzó.
Dentro de lo que es laboratorio y cuarto, quinto o sexto año, te empezás a dar cuenta de lo grande que es esto, de lo increíble que es.

Aprender a pensar, a deducir, a ganar experiencia, a ganarme más amigos, a valorar lo que tenemos.

Y digamos la verdad, el Rancho tiene mil defectos, mil cosas que todos querríamos cambiar o mejorar.
Pero a lo largo de estos años, aprendi a tomarlo con humor, y a buscar siempre otra opción.
A no quejarme de los problemas, a buscarles solución.

Particularmente yo aprendí eso. Y lo aplico en mi vida fuera del Rancho.

Ahora que faltan meses, voy a extrañar ese ambiente. Ese ambiente amistoso. Mis amigos. Los ayudantes de laboratorio. Los profes que se ganaron mi respeto y admiración. Los que no me agradaron del todo.
Que los auxiliares de la cabina de entrada cada día me deseen suerte, también se va a extrañar.

Hasta el gimnasio todo embarrado se va a extrañar. Aunque yo hacía poco y nada en educación física.

Las interminables charlas en las macetas circulares del patio del Rancho, hasta que Martínez o Diana nos llamen para que subamos a la división.

El año próximo, cuando el Rancho ya forme sea parte importante de mi pasado, todos estos recuerdos junto con un montón más, van a seguir latiendo fuerte.

Y son, los que me van a ayudar a emprender el camino hacia mi gran sueño, hacia lo que quiero hacer de mi vida.

Y agradezco al Rancho y su gente, a mis amigos, por ayudarme a tener los valores y los ideales que tengo ahora. Que son las únicas cosas importantes que me van a ayudar a no bajar los brazos nunca, por más que todo se ponga difícil a veces.

Porque sé que esas cosas son las que más importan.

Cierre del 2008


El Rancho ya está atrás. La secundaria ya terminó y parece que ahora adelante está todo en blanco.
Me quedan 3 materias para dar.
Pero eso no es objeto de este posteo.

Ahora que ya vuelvo a tener todos los días libres, ahora que ya no tengo que correr tras apuntes, me queda la reflexión.

Conocí un montón de gente que se va a quedar dentro mío siempre. Con algunos ya no me voy a ver más, con otros tal vez sí, con otros creo que voy a seguir toda mi vida.

Si fuera por mí, me los llevaría a todos a un monoambiente a vivir juntos, pero la vida es injusta y se va a encargar de dispararnos a todos por caminos distintos, como lamentablemente ya lo está haciendo.

¿Lamentablemente? No, corrijo la palabra. Un "por suerte" creo que queda mejor.
Porque después de todos estos años, me siento listo para decir un "adiós", sabiendo que todo en el futuro va a estar bien para todos.

Disfruto estos días como si fueran oro. Está bueno porque después de meses de preocuparme por fotocopias, por tp's (aunque reconozco que la ausencia de varios profesores hizo el año más light) tengo tiempo para encontrarme conmigo mismo.

Ahora estoy en el período en el que me pregunto a mí mismo si voy a poder contra la vida y contra todo lo que tenga que hacer para llevar adelante mi sueño.
¿Mi sueño? Ser periodista, y que por lo menos alguna publicación mía salga en algún lado con mi nombre.

Y una vez que lo cumpla, seguir mirando hacia más arriba y llegar hasta donde pueda o me dejen.
Casi nada...

Quiero que mi sueldo refleje mis ganas de escribir, que eso me llene, expresarme por escrito y que me vaya bien en eso. Pero sé que en parte depende de la suerte, y como yo generalmente no la tengo, no sé que va a pasar.

Ese pensamiento anterior contrasta totalmente con el título por el que tengo que pelear en Marzo... el de técnico químico, pero es un camino que quiero cerrar ya.

Mi nuevo camino, el de periodismo, seguro va a tener mil vueltas y por eso me preocupa que mi gente, mis amigos, no lleguen a estar ahí.
Por eso me gusta compartir momentos con ellos, para asegurarme de que siguen ahí, de que están conmigo y me dan la fuerza que muchas veces no consigo por ningún otro lado. Me hacen sentir mejor conmigo mismo, cuando tengo mis peores crisis, que son las que tengo contra mi peor enemigo. Yo mismo.

Por eso un mensaje de texto, un posteo en mi fotolog, un saludo siquiera, ya es suficiente para mí. Ya me reconforta pensar que por lo menos por unos minutos pensaron en mí.

Porque en realidad ellos son para mí, el tesoro de la secundaria.

Por ejemplo, yo valoro muchísimo más haber conocido a Evelyn, Luciana, Gisele, Julián, Lorena, que el título que voy a buscar en los próximos meses...

Valoro muchísimo más haber tenido la posibilidad de haber podido conocer a Daniela, Sebas, Guido, Manuel, que me dejaran entrar en su loco mundo por mucho tiempo.

Valoro cosas que muchos por ahí ni siquiera noten. Porque sé darle importancia a lo sencillo más allá de todo.
Y me alegra ser así, me alegra tener la capacidad de divertirme tan fácilmente con sólo verlos.

Valoro este año 2008 desde lo humano, mucho más allá de lo académico o educativo.

Y me pongo contento al hacer el balance del año, que me da un poco más positivo que el anterior, porque priorizo esto, este sentimiento de haberlo compartido con tanta buena gente.

Criticar para destruír

El tatuaje, el piercing, la religión, la sexualidad, al paredón...


Parece que todavía, aunque estemos ya en el 2009, ciertas cosas se mantienen igual que hace mucho. Esta supuesta "liberación" que vivimos, en la cual ya todos hablamos de SIDA, de travestis, de kamasutra, de enfermedades venéreas, de temas tabú, es parcial.

Según la teoría, opinar es dar el comentario que uno mismo tiene sobre un determinado tema. Pero eso no incluye que uno posea el derecho de faltar el respeto a una ideología distinta, que porque alguien piense distinto que yo tenga menos razón.

Por todos lados, lo único que puedo apreciar es eso. Que si otra persona piensa o es diferente, debe ser minimizado al extremo. Igual pensemos un poco lo aburrido y monótono que sería este mundo si todos fueramos personas serias y de traje gris... asusta un poco esa imagen.

Tener internet en mi celular me permite, en mis tiempos libres de verano, meterme en páginas de supuesto debate donde lo único que leo son agresiones disfrazadas de opinión.

¿Ejemplo 1? Tema: "tatuajes". El usuario de nombre "el_angel_muerte", opina que: "Todos los que se hacen tatuajes son personas carentes de personalidad, tienen un problema con su Yo. Mutilan su cuerpo y lo único que demuestran es su vacío interior, deberían ir todos al "sicólogo" antes de ponerse un tatuaje, tienen problemas graves."

Iguales "opiniones" se vierten sobre las personas que tienen piercings. Ahí me siento abordado, así que eso me inspiró a escribir estas líneas.

Mutilar el cuerpo, falta de personalidad, problemas psicológicos... Partiendo de la base, no creo coherente que una persona que se hace llamar "el_angel_muerte" de nickname, tenga autoridad para mandar a nadie a un terapeuta.

Para mí, la base de toda opinión debe basarse primero en un breve vistazo al espejo. Mirarse uno para después mirar a los demás.

Opinar sobre uno, con conciencia, antes de opinar de los demás.

Repito, estamos en el 2009. Y me asusta leer, entre todos esos "opinólogos agresores", formulaciones de preguntas como estas:

*"¿Por que una persona que se tatúa después no puede donar sangre?"

*"¿Cuáles son los peligros de hacerse un tatuaje?"

*"¿Por que las personas se hacen tatuajes en lugares visibles?"

*"No entiendo a la gente que se tatúa ¿por qué van contra la naturaleza de sus cuerpos?"

Con esas cuatro preguntas ya tenemos de sobra para pensar un poco porque estamos como estamos ¿no?.

Primero, lo grave de esto es que estas cosas se escriben en la sección "Yahoo! de preguntas y respuestas", donde usuarios nacionales e internacionales comparten "opiniones" y son en su mayoría vertidas por chicos que no sobrepasan los 25 años.

Segundo, la desinformación. Parece simple. No sé como es el tema, pero opino y agredo porque eso sí sé hacerlo...

Repito: hay que mirarse al espejo, para después hablar.

Una persona que critique los tatuajes, que degrade a los que los tienen, no debería después preguntar cuáles son los riesgos de hacérselos. Es incoherente.

Una persona que critique los piercings y a los que los llevamos, no puede despues desconocer los medios de contagio del SIDA.

Es ignorante.

Una persona que desconoce de religión, no debería después criticar las costumbres específicas de cada credo.

Es irrespetuoso.

Hoy en día, para llevar a cabo una discusión o un intercambio de ideas, hay que saber informarse y saber escuchar y comprender al otro.

¿Ejemplo 2?: En una de mis noches de insomnio, activo la función de "radio" del celular. No había nada adecuado para la hora, hasta que llegué a casi el final del extremo derecho del FM.

Ahí escucho a una señora lamentándose y emocionándose porque su pueblo, que cuenta con una sola parroquia, está a punto de perder al único padre que predica las misas.

"Antes teníamos tres sacerdotes, pero de a uno se los fueron llevando a zonas más cercanas a la Capital. Y el que está ahora, el padre Pedro, que es un cura joven y muy bueno se lo están por llevar también. Ya le están por anunciar el traslado la semana que viene. Y nosotros nos vamos a quedar sin quién nos de la misa y nos escuche."

La locutora que conducía el programa, la escuchaba y sólo preguntaba lo necesario. Cerrado el tema, despide cordialmente a la señora y anuncia la siguiente llamada telefónica.

El tema era otro, totalmente distinto, un señor que se quejaba de los parquímetros del centro de la ciudad, etc.

Lo que me dejó demasiado sorprendido fue el siguiente llamado.

La locutora le da la bienvenida. "Hola soy Pablo, tengo 27 años..." comienza a hablar con una voz relajada y hasta casi desvanecida (tal vez por problemas con el audio de la llamada).

La locutora le pregunta el porqué de su llamado. "No, nada... llamaba para decir que no entiendo el porqué de tanta emoción de esa señora que lloraba tanto por ese cura que se les va del pueblo. No se a quién le puede interesar eso... la verdad no lo entiendo... no me entra en la cabeza la gente así"

Ahí me desperté totalmente y subí el volumen del celular. No podía creer esa forma de hablar. Ya pintaba mal la cosa.

"Bueno, por empezar, vamos a decir que respetamos todos los credos y creencias religiosas. ¿Vos cuál tenés?" encara la locutora.

"Ninguna, desde chico que no piso una iglesia, que no creo en nada..." contesta el chico.

"Y bueno, entonces ahí está el asunto. Para vos no significa nada, pero para esa señora sí. Su vida religiosa es totalmente distinta a la tuya. Vos no estás en condiciones de entender lo que nunca te enseñaron o lo que nunca viviste. En los pueblos es muy distinta la forma de vida que en Capital... Para algunas zonas del interior la fe es una forma de encarar la vida y es importante para ellos..." hablaba respetuosa y suavemente la locutora.

"Sí, puede ser eso" contestó levemente el chico.

"Bueno, algo más para decir..." lo apuró la conductora del programa. "No, era eso nada más... gracias" remató Pablito...

La locutora lo despidió cordialmente agradeciendo la llamada, de igual forma que lo había hecho con la señora hacía unos pocos minutos.

Si era por mí, iba corriendo a abrazar a esa locutora por la forma en la que expresó mi forma de pensar. Uno no puede criticar, agredir o minimizar lo que no está capacitado para entender. Ésa es la moraleja de este artículo que intenté escribir.

Antes de irse a una pausa musical, la locutora dijo: "Seguimos después de esta canción con más llamados en "Hablar por hablar..." muchas gracias por estar ahí".

Hablar por hablar, creo que eso termina de explicar el porqué de la gente que critica para destruir innecesariamente. Tal vez, ellos tengan la necesidad de "HABLAR POR HABLAR" y ésa sea la explicación más cercana a entenderlos. Si es que se puede...

¿San Pedro recibe el cheque?


"Con razón a veces Dios no me escucha... ¡no sé como enviarle el cheque!"

(Otra vez la iglesia universal en mis dudas)

¡Si no hubiéramos sacrificado, no habríamos obtenido todas las bendiciones que recibimos!

"Un año antes de casarnos, Pablo y yo decidimos comenzar a ahorrar, para poder cumplir nuestro sueño de tener una hermosa fiesta, una linda luna de miel, y poder equipar nuestra futura casa. A raíz de esto, decidimos no realizar ningún tipo de gastos, e íbamos ahorrando EN DÓLARES. Unos pocos meses antes del casamiento, llegó la Campaña de Israel y decidimos hacer un verdadero SACRIFICIO. Nos sentimos tocados a realizar en esa Campaña un verdadero ACTO DE FE. Entregamos TODOS nuestros ahorros y pusimos nuestra vida en las manos de Dios para ver algo sobrenatural. Al principio nos dio miedo, porque incluso, ya habíamos entregado las invitaciones, pero luego sentimos una seguridad de que si dábamos LO MEJOR, no podríamos recibir otra cosa que lo mejor por parte de Dios. Y así fue. Dios no tardó en responder. No sólo nos casamos, tuvimos nuestra fiesta, nos fuimos de Luna de Miel, y equipamos nuestra casa con muebles nuevos, sino que a los tres meses de casados, pudimos comprar un semipiso de cuatro ambientes y un auto. Pero eso no fue todo, sino que a partir de allí, hubo una bisagra en nuestras vidas. Al poco tiempo, ese auto lo cambiamos por otro, y luego por un OKm. Mi esposo se recibió de Ingeniero Industrial en tiempo récord, y comenzó a trabajar en una empresa multinacional muy grande. Yo me recibí de Abogada y trabajo en forma independiente, que es lo que siempre soñé" cuenta Fiorella.

Está bien. Reconozco que haber levantado el diario que dejaron en mi puerta, sabiendo que se llamaba "El Universal", y haberlo leído fue mi culpa.

Pero no me podía perder leer las cosas que estas personas tienen el atrevimiento de publicar.

Era Domingo a la tarde y tomando mate veo el titular... "Ellos sacrificaron y fueron recompensados". Y te ponen la fotito de la pareja feliz, una rubia y un morocho con cara de "me gané el Loto".

En todo el diario, si es que le podemos decir diario a esto, se hacía referencia a una "Campaña" que se hacía en todas esas iglesias, en la que uno mismo (en un acto de fe) entrega todos sus ahorros y espera la "devolucion divina".

Esa idea me explotó y me indignó... me hace pensar en que uno siempre sospechó acerca de cómo esta organización religiosa obtiene los edificios gigantes que tiene, en zonas carísimas de la ciudad. Pero de sospechar, a que te lo confirmen y de esta manera, diciéndote que todos los aportes de plata realizados por sus seguidores son "sacrificios" y que supuestamente después Dios mismo te responde con multitud de cosas materiales me parece tonto.

Tonto y denigrante para las otras religiones también.

Vuelvo a aclararlo siempre. Soy católico, creo en Dios, la Santa Trinidad, los santos, etc. En lo que no estoy creyendo en en la forma en que está siendo representada terrenalmente la religión católica. No creo que los humanos estemos preparados para emitir el mensaje correcto de Dios sin caer en errores horribles de interpretación. Pero bueno, lo respeto.

Pero, la religión católica no creo que transmita ese mensaje que acabaste de leer en el comienzo de este artículo: "Si nos das tu plata... ¿sabés que va a pasar?... Dios te va a traer un Playstation 3".

Igual este no es un artículo de defensa de la religión católica. Es un artículo en el que intento transmitir que esta forma de "evangelizar" para mí está equivocada... Hace muchos años, cuenta la leyenda, un señor se animó a clavar en la puerta de un importante lugar una carta en la que aseguraba que Dios no exige bienes materiales a cambio de milagros o perdón. Cabe aclarar que en esos tiempos, la Iglesia recibía bienes a cambio de perdón de pecados. Algo de historia de segundo año de secundaria.

Bueno, parece ser que ese pensamiento está intentando volver y eso me alarma un poco.

Estamos volviendo a pensamientos de hace siglos, y lo peor es que ese mensaje circula publicado en diarios que se dejan gratuitamente en casas de familia. Es claro que una persona con los ojos abiertos sólo va a leer esto y va a proceder a tirarlo a un tacho de basura, pero una persona desesperada se lo va a creer. Y es así como una persona inocente (o tonta, como ustedes quieran definirlo...) cree en esto del cambio de plata por bendiciones.

Ahora, cada vez que pasen por esos inmensos edificios, ya saben cómo los mantienen. Por actos de "sacrificio" de sus seguidores.

Pero... ahora que sabés esto... ¿no empezás a entender por qué cuando rezabas Dios parecía no escucharte? ¡Te olvidabas de dejarle los $10 en la ventana!.

A todos, guarda con estos mensajes erróneos que circulan. Una sociedad que vuelve a pensamientos de hace siglos, no avanza y se queda en el camino.

Sigamos rezando tranquilos.

Mi mochila de adoquines en mi cajita de cristal


Nota del autor: Este texto que publico hoy, tiene como origen el pedido que me hizo Julián, un amigo. Era para que un conocido suyo lo presente en un trabajo de literatura del colegio.
La idea "innovadora" de su profesora, era que cada alumno redactara un capítulo, y entre todos conformaran una historia completa.
El eje de la historia giraba en torno a un chico llamado Mauricio, de novio con una tal Victoria.
Para meterme un poco en el tema leí lo que escribieron los alumnos anteriores. Mi hermana de ocho años escribe mejor que esos párrafos que leí.
Igualmente no quiero criticar mucho a la gente que le imponen escribir, porque si es así, lo hacés de mala gana, y listo.
La cosa era que la historia no iba para ningún lado, y nadie le había puesto onda.
El alumno que había escrito el último capítulo antes que yo, se había jugado metiendo a una tercera en discordia: Blanca.
A pedido de Julián, metí también tema de enfermedades y suicidio latente, ya que el colegio al que pertenecía ese conocido al que le estábamos haciendo el favor creo que tenía un par de raíces religiosas o algo por el estilo.
Igualmente, después, Julián me contó que mi página del cuento fue bien recibida, así que estaba bien.
El también me sugirió el título que encabeza este fragmento de cuento, lo aprobé de una...
Me gustaría saber qué hizo el pobre alumno que tenía que seguir con la historia, después de este capítulo que van a poder leer ahora:
-----------------------------------

"Mi mochila de adoquines en mi cajita de cristal"


Esa noche Mauricio salió al balcón de su departamento. Intentó encontrar en el silencio las respuestas que estaba buscando hace mucho. Hoy la vida le estaba dando una nueva oportunidad, una oportunidad que tenía nombre: Blanca.

Su minicomponente repetía el mismo cd de música clásica por octava vez. Mauricio solamente estaba con la mirada perdida en el cielo oscuro, vacío de estrellas.
¿Lo había beneficiado la distancia que había tomado de la gente que lo quería?. Se tapó la cara con las manos, sintiendo que estaba a punto de comenzar a llorar.
Pero no derramó ninguna lágrima, otra vez reprimía lo que estaba sintiendo, otra vez decidía no ser débil.
Aún no sabía que iba a hacer con Blanca, cómo le diría la verdad sobre Victoria. Estaba confundido, temía volver a cometer los mismos errores, tenía miedo de volver a confiar.

Odiaba volver a sentirse así, solo, sin nadie que le tendiera una mano amiga de donde aferrarse. Pero entendía que al alejarse, eso sucedería de manera inevitable.

Empezó a recordar el gran motivo por el cual había decidido alejarse de todo y todos. Salió del balcón y entró nuevamente a su departamento.
Se dirigió a su mesita de luz y abrió el último cajón. De allí sacó su cajita de roble oscuro, vació los papeles sobre la cama, pero dejó dentro un sobre blanco.
Lo miró un par de segundos, hasta que lo tomó. Leyó el nombre impreso en mayúsculas negras de un hospital privado.

Abrió el sobre y volvió a leer esas palabras que lo marcaron y cambiaron su vida de un día para el otro. Las palabras que decidieron el exilio, el alejamiento.
Lo que tenía en sus manos era el análisis médico que se había hecho hace un par de meses, que le decían que era HIV positivo.

No tuvo el valor de decírselo a nadie. Sólo a la persona que más amó: a Victoria. Por eso le había dolido tanto su partida, ya que ella lo abandonó tres días después de haberse enterado. Igualmente Mauricio siempre cuidó a Victoria, para él era lo más importante que tenía.
Temía la misma reacción en sus amigos y familiares, así que había decidido callar. Callar y conservar para sí mismo ese mortal secreto, que lo iba devorando por dentro, y causándole un dolor que nunca había sentido antes. El dolor de sentirse una persona menos, el que iba a ser ignorado o rechazado, o para peor, el que iba a recibir la lástima de todos.

Decidió callar. Y prefirió la distancia. El exilio obligado. Abandonó todo lo que quería, todo lo que había construído, sus mejores recuerdos, su vida. En esos momentos sentía que el mundo se le caía, y que no podría hacer nada al respecto, se sentía condenado y solo.

Lo que lo mantenía en pie en ese entonces era el amor de Victoria. Pero nunca imaginó lo que sucedería.

Tiró el sobre y el papel sobre la cama, junto a los otros. Se quedó quieto, pensando. Lo empezaba a invadir una sensación oscura, que ya había experimentado antes, pero esta vez lo sentía con mucha más fuerza.

Se encaminó hacia la cocina. Sus ojos se desviaron hacia los cuchillos que tenía sobre la mesa. Tomó el más grande, y se dirigió hasta la puerta del baño.
Respiró profundamente y entró. Varias escenas de su vida se le fueron atravesando por la mente. La voz suave de Victoria que le decía "te amo", la hermosa mirada de ojos color miel de Blanca...

Empezó a acercar el filo del cuchillo hacia su muñeca del brazo izquierdo. Mauricio pensaba que tal vez ya no tenía salida, que todo se debía terminar ya, de la manera más rápida posible.

Sonó el teléfono. Reiteradas veces, hasta que se activó la contestadora.
Una dulce voz dijo: "Hola, Mauri. Que lástima que ya estés dormido, te llamaba para decirte que no veo la hora de conocer a toda tu familia, que deben ser tan buenas personas, como lo sos vos. Gracias por confiar en mí como lo estás haciendo. Te mando un besito y que sueñes cosas lindas..."

Mauricio lanzó el cuchillo lo más lejos que pudo, y esta vez dejó caer las lágrimas.

FIN

viernes, 18 de diciembre de 2009

Desesperadamente buscando pareja


Plantar un árbol, escribir un libro, tener un hijo y tener al amor de tu vida al lado antes de cumplir 25 años. Parece que ahora se agregó esa última misión de vida. O al menos éso es lo que veo cada vez que leo mi lista de contactos en el messenger o cada vez que escucho discursos de amor desesperados. Hablo desde mi punto de vista, siempre. Creo que hay cosas mucho más importantes que imaginarse a uno del brazo de otra persona. Pasa por la mirada de cada uno, pero no logro entender porqué hay gente que no se valora a sí misma si no tiene a un "novio" o "novia" al lado. ¿Tan poco se quiere uno, que tiene que dejarle la autoestima propia a otra persona?
Para mí, la etapa de 20 a 25 años es etapa de realización propia. Particularmente tengo enfocado qué quiero hacer de mi vida. Lo sostengo, no creo en eso del amor para toda la vida. Ni tampoco en eso de que al amor hay que buscarlo. Yo siempre fui de los que piensan que el amor aparece y cuando lo hace no pide permiso. Sorprende y listo.
Ahora, que una persona ande por la vida deprimiéndose o escribiendo en msn o en facebook versos de canciones desesperadas, pedidos de auxilio amoroso que demuestran fracasos sentimentales, me parece preocupante. Parece también que si uno llega a tal edad y no tiene a la media naranja al lado, es un fracasado. Pero no. Yo no lloro porque no tengo quién me diga te amo. Cuando lo tenía, lo admito, era reconfortante. Pero centrar toda tu energía y autoestima en eso, es un poco triste.
Hay tantas cosas por las cuales sufrir en esta vida, que llorar porque estás solo es un problema medio zonzo. Uno nunca está solo. Si uno se siente así, tendría que revisar bien su lista de amigos o mirar a su familia misma. No todos los amigos ni todas las familias son perfectas, pero tampoco uno mismo puede esperar salvavidas exteriores todo el tiempo.
Si uno no se respeta a sí mismo, si uno no se soporta a sí mismo, no va a poder llevar adelante una relación ni una convivencia con nadie. Y después inevitablemente vienen las depresiones y bajones. Particularmente yo no me siento menos por estar solo. No me siento menos por andar solo por la vida, porque miro atrás y tengo a mis amigos, a mi familia (que con las chispas y todo siempre está). Aunque socialmente parezca incorrecto.
Celebro que haya amigos o conocidos que viven una relación de pareja con madurez y felicidad. Me parece bueno. Soy feliz por ellos. Pero lo que no comparto es eso de estar con otro al lado sólo por necesidad o costumbre. Y después hacerse mala sangre por lo mal que sale. Y sentir que la vida se acaba por eso.
Hay que saber mirarse a uno mismo, saber dibujar una sonrisa y buscar lo que uno quiere. A mí me costó un montón llegar a entender mil cuestiones, y tal vez por eso pienso como pienso. Me pasaron cosas muy grosas este año y mi mirada cambió totalmente y se amplió. Ahora yo sé que primero voy yo y después todo lo demás. Ya me deprimí bastante durante varios años de secundaria por temas idiotas y ahora quiero empezar el 2010 con otra cabeza. Y solo, porque así me siento completo. Solo, porque así puedo ser como soy, con los errores y aciertos. Solo, porque así me siento libre y sin pesas en el tobillo. Solo, porque no necesito la vocecita dulce en el oído que me repita frases simples. Solo, porque ya tengo lo que necesito, amigos. Solo, porque así puedo seguir viviendo cosas que me ayudan a ser una mejor persona cada día. Así intento crecer cada día. Así pienso y así voy.

Cuando no me suena el celular

Estoy tan tranquilo cuando no me suena el celular. Estoy tan bien. Algunas veces ese aparato enfermo no para de traerme problemas, cuestiones, preguntas y repreguntas en el peor momento. Es triste admitirlo, pero no me llevo nada bien con los celulares. Primero, porque siempre que lo tengo con la batería al tope no me llegan mensajes de nadie, nadie llama. Cuando tengo la batería que se apaga en 10 minutos, parece que el mundo complota y empiezan a lloverme mensajes y llamadas. Y lo peor es que son cosas que quiero o tengo que responder.
Me enseñaron que a los celulares les hace mal eso de tenerlos encendidos y cargándolos al mismo tiempo. También lo de cargar 24 horas (o más) el celular la primera vez que lo cargás cuando es nuevo, obligatoriamente. Es decir, si quiero volver a cargar mi celular cuando estoy hablando, lo tengo que mantener obviamente encendido. Y después el celular se vuelve medio pelotudo, se enciende y se apaga, tarda en encenderse o se tilda.
Por eso me gusta verlo tranquilo y tirado en la cama. Por eso me gusta que me llamen sólo cuando el mundo parece llegar al final o cuando una desgracia gigante está por ocurrir. Por suerte también la gente que me rodea y siempre me dice "te mando un mensaje después o te llamo" nunca lo cumple. Hasta en eso son geniales.
Claro, no es que odie los celulares, se necesitan. Respondo los mensajes y atiendo los llamados (alguna vez habré dejado el celular sonando cuando el identificador de llamadas me mostraba un nombre no grato) pero agradecería no tener que hacerlo. Creo que es algo psicológico también. Cuando me siento bien, es feo que te llegue mala onda de afuera. Pero uno no elige nunca.
Esto no es una convocatoria a "no me llamen ni me contacten nunca", es un pensamiento que sólo quiero publicar. No hay nada peor que un mensaje de texto desubicado, o peor, cuando aparece un número que no conozco. A todos los que quieran llamarme, no suelo atender llamadas de números desconocidos...
Otra cosa que detesto del tema "celulares", es que al mío, cuando lo enciendo después de tres horas de cargarlo (sí, tres) me caen 10 mensajes y cuatro llamadas perdidas. Cuando tengo batería, ¡no llama nadie! El tema es que todo lo relacionado a comunicación vía celular es un desencuentro seguro. Unas situaciones que me irritan cada vez más, porque peleo contra un teléfono. Y lo peor es que parece que me gana.

La loca comunitaria


Cerca de casa, a unas dos cuadras, hay un centro comunitario de salud. Recuerdo que antes, de chico, me llevaban a la guardería que funcionaba ahí. Típico lugar donde te metían en una habitación con otros nenes, unos bloques de madera, unos legos, unos rompecabezas (de esos boludones que son como seis piezas grandes) y a pesar de todo, era uno de mis lugares favoritos. La cosa es que fui ahí hoy a la tarde para sacar un turno para el clínico, por un dolor de garganta que tengo hace varias semanas y que me venía preocupando.
No suelo ir seguido. Primero porque siempre hay gente que se la pasa peleando por el lugar. El sistema es así: si los turnos se empiezan a dar a las 11.30 de la mañana, ya hay gente desde las 8. Cuando vos llegás, ya tenés veinte personas adelante. Y el clima se pone tenso cuando sólo se da una docena de turnos.
Los principales conflictos son: "Ésta señora se fue y vino recién...", "Vos no venías atrás mío"... etcétera. Me rompe mucho que todos andemos con los nervios a pleno por todos lados. Y no me queda más que incluírme. Pero no hay situacion más jodida que pelear por la salud, que es lo que sucede todo el tiempo en el centro de salud al que me refiero.
El personaje en cuestión al que hago mención en el título apareció a las 10.45, preguntando quién era el último para los turnos del clínico. "El clínico", cabe la aclaración, es un doctor que atiende cualquier tipo de consulta y si lo considera un caso de poca gravedad, lo medica y listo. Sino, deriva al paciente a otro médico o a otro hospital.
Yo estaba en el tercer lugar. Y el personaje recién llegado empezó a contar a los que estábamos esperando. Saludaba a todo el mundo, al policía de seguridad, a la chica del mostrador, a las madres que esperaban en pediatría, a todos. El hombre llevaba puesta ropa deportiva, el pelo negro oscuro y el flequillo rubio, piercing de picos en la ceja derecha y era muy delgado. Su voz chillona y su risa quebraban el silencio de la sala de espera.
Todo bien hasta ahí. A las 11.35 nos llamaron para armar la fila y que se empiecen a dar los turnos. Me acerco y cuando me doy cuenta, en el tercer lugar ya estaba él. "Disculpá, pero atrás de él vengo yo. Soy el tercero...", le aclaro mientras él da un paso atrás dándome una mirada de arriba hacia abajo totalmente despectiva. Disculpá por haberte dicho cómo son las cosas.
"De acá ya no me muevo mas", dijo prepotentemente cuando los que estaban atrás mío lo iban haciendo retroceder. Y claro, la fila supuestamente se arma así, pero se ve que el tipo no lo sabía. O se hacía bien el boludo.
De repente el tipo sale de la fila y se pone al lado del primer lugar, con los brazos recostados sobre el mostrador, onda "no me tengo que tragar la fila". Me dió gracia. Tanto escándalo para nada.
Al lado de la fila para clínico, estaba la de ginecólogo, con unas 30 mujeres. Y salta la pelea: "Señora usted no estaba atrás mío", le dice una mujer a la que venía después de ella. "Yo estaba, pero me tuve que ir un rato", le responde la señora de atrás.
"Ay, así cualquiera. Yo también tengo que limpiar mi casa y no por eso me voy. Me quedo acá", se mete el tipo del flequillo rubio. Ahí le pude dedicar mi primera mirada de sorpresa. Si hay algo que me molesta bastante aparte de la pelea barata en lugares públicos, es que gente que no tiene nada que ver se meta a apagar el fuego con nafta. Y más si es una persona que se mete para cagarse de risa o llamar un rato la atención.
Después mientras daban los números para ginecología, la chica que atendía preguntaba a las señoras cuál era el número de su historia médica. "No sé", "No me acuerdo", "Ni idea", le respondían sucesivamente.
"Flequillo platino" y la chica del mostrador se cagaban de risa en la cara de las pobres doñas que no sabían que el número de historia es el mismo del documento, como me explicaron los médicos en anteriores ocasiones. Sea un error boludo o no, no merece la carcajada o la burla de dos idiotas en la cara. Yo llego a acompañar a mi mamá y se le ríen así, arde Troya. No me gusta el "bardo público", pero tampoco la falta de respeto que muchas veces los empleados públicos le dan a cualquiera.
Y tampoco me gusta, por si hace falta aclarar, la actitud de loca mala y escandalosa. Si elegiste una sexualidad distinta y tenes valor y seguridad, te felicito. Pero tenés una personalidad de mierda y me alcanzaron menos de 40 minutos para darme cuenta.

Acá vamos (de vuelta)

Me presento: me llamo Héctor Damián Salas. Tengo 20 años. Mi DNI comienza con 34. Argentino. Mamá paraguaya. Papá inexistente. Dos hermanas (hermanastras es una palabra horrible). Vivo en el "Barrio Cildañez", de Parque Avellaneda. Amigos, los que necesito y quieren seguir a mi lado. Enemigos, los que no me quieren ni querrán conocer nunca.
Hice la primaria en la Zacca, de Parque Avellaneda. Hice la secundaria en el Rancho, de Parque Avellaneda. Todo en el mismo lugar, siempre. Y agradezco que haya sido así, siempre. Soy técnico químico recibido, después de siete años. Ahora estoy estudiando periodismo en Eter. Ya sé para dónde quiero que vaya mi vida, y eso es un peso menos. Sé cuál es la meta, ahora estoy en camino para cumplirlo. Con la gente que me quiera acompañar.
Éste es mi segundo blog, después de que "Erreísmo" fuera cancelado. Lo borré porque yo mismo no podía pronunciar ese nombre. Ah, me olvidaba. Tengo lo que algunos foniatras llaman "erreímo", que es una incapacidad ligera para pronunciar la letra R. Ligera... pero que yo tengo al 80 por ciento, según mi último diagnóstico. Jamás volví a tratar ese tema con ningún profesional. Ya es algo que tengo incorporado.
De altura, normal, 1.70. Tengo un piercing en la ceja izquierda. Para ponérmelo esperé a tener 18 años. Avisé en casa y me lo pagué yo. Por eso me da tanta rabia ver a los compañeros de grado de mi hermana, que tienen 12 años, con piercings por todos lados.
De personalidad, según algunos primero parezco inaccesible, pero con el tiempo y la charla todo va sobre ruedas. Me considero una persona con personalidad normal. Manías no tengo muchas y si las tengo no son de las que afectan a terceras personas. Mis principales amigos son los que me enseñaron algo que ahora llevo como estandarte: "no criticar ni destruir a nadie sólo porque no comparte los mismos gustos o puntos de opinión". Eso es algo que antes, lamentablemente, hacía muy seguido.
Musicalmente amplio, paso de Within Temptation a Lía Crucet. Sin problemas. Tampoco creo mucho en eso de enfrascarse solamente en algo. Por ejemplo los que sólo escuchan a Vivaldi y me lo cuentan con el fin de que yo diga "OOOOhhhh...". No con admiración, sino con pena. Pero, bueno.
No soy jodón o pesado con la gente que quiero. Si el afecto es sincero, van a estar siempre. Con mis amigos cómodamente pueden pasar dos meses sin contacto, porque sabemos que nuestra amistad es muy fuerte. Cuando se alinean los planetas y podemos juntarnos todos, se pasan las horas sólo contándonos cómo marchan nuestras vidas y cagándonos de risa. Y eso es algo que me ayuda mucho.
Creo, particularmente, que la gente va cumpliendo ciclos conmigo. El mayor de esos ciclos duró cinco años. Fue una amistad que terminó bastante mal. Aspiro a romper ese record. La cosa es que mucha gente va saliendo y entrando de mi vida constantemente. Si fuiste amigo mío, ahora estás leyendo esto y ya no me ves seguido, creeme que si vos sos feliz y todo te va bien, yo soy muy feliz por vos. Guardame en tus recuerdos con la mejor onda y escribime por facebook o msn.
Ahora, la gente que me manda mensajes de texto y me busca para vernos las caras, pegarnos un abrazo y tomarnos una cerveza o un mate mientras hablamos y reímos, esa gente es la que me hace sentir más reconfortado. Ésa gente es la que me hace sentir que el tiempo que compartimos juntos no fue en vano.
Pero soy conciente de que no siempre es posible cuadrar horarios y que por eso mismo la vida nos fue separando. No soy rencoroso. Con esto.
Me detuve demasiado en el tema amistad, porque es algo que considero muy mío. Considero a mis amigos una parte muy importante de mí mismo. Gracias a ellos, tengo la confianza que tengo y las ganas de reír siempre. Algo que intento hacer con la gente nueva que conozco ahora en Eter. Buena onda y predisposición. No cuesta nada, cuando estás seguro de quién sos, con qué gente te rodeás y para dónde querés que vaya tu vida.