sábado, 19 de diciembre de 2009

Chau chau Rancho (2008)


Dentro de algunos meses, voy a tener que dejar el Rancho.
Y esa es una idea que no me imaginé nunca.
El año pasado vi a mis amigos recibir su "diploma" y emocionarse al vivir ese momento. Yo, desde las sillas de los invitados, aplaudía y me emocionaba a lo lejos, pero no viví ese momento como ellos.

Ahora que ese momento se acerca, no sé que pensar.
Y pasa que todavía recuerdo cuando entré a primer año, a 1ero 5ta.
Tan chico, de cuerpo y mente. Llegué al Rancho con cinco amigos más de la escuela.
En esos días el Rancho te parece tan normal, tan corriente.
E incluso tan gris.

Lo único que me gustaba más que nada, eran los recreos. Salir al patio a amontonarme con mis amigos y con mis compañeros nuevos.
Quien pensaría que ahora, más grande, más viejo quizás, iba a odiar tanto ese momento: el recreo.
Salir a amontonarme con tanta gente, con tanta tribu urbana dando vuelta. ¿Para qué?

Y es que eso, junto con un montón de cosas más, cambiaron conmigo alrededor de los siete años que pasé por el Rancho.

A medida que avanzaban los años, y llegué al ciclo superior, el sentimiento sólo se afianzó.
Dentro de lo que es laboratorio y cuarto, quinto o sexto año, te empezás a dar cuenta de lo grande que es esto, de lo increíble que es.

Aprender a pensar, a deducir, a ganar experiencia, a ganarme más amigos, a valorar lo que tenemos.

Y digamos la verdad, el Rancho tiene mil defectos, mil cosas que todos querríamos cambiar o mejorar.
Pero a lo largo de estos años, aprendi a tomarlo con humor, y a buscar siempre otra opción.
A no quejarme de los problemas, a buscarles solución.

Particularmente yo aprendí eso. Y lo aplico en mi vida fuera del Rancho.

Ahora que faltan meses, voy a extrañar ese ambiente. Ese ambiente amistoso. Mis amigos. Los ayudantes de laboratorio. Los profes que se ganaron mi respeto y admiración. Los que no me agradaron del todo.
Que los auxiliares de la cabina de entrada cada día me deseen suerte, también se va a extrañar.

Hasta el gimnasio todo embarrado se va a extrañar. Aunque yo hacía poco y nada en educación física.

Las interminables charlas en las macetas circulares del patio del Rancho, hasta que Martínez o Diana nos llamen para que subamos a la división.

El año próximo, cuando el Rancho ya forme sea parte importante de mi pasado, todos estos recuerdos junto con un montón más, van a seguir latiendo fuerte.

Y son, los que me van a ayudar a emprender el camino hacia mi gran sueño, hacia lo que quiero hacer de mi vida.

Y agradezco al Rancho y su gente, a mis amigos, por ayudarme a tener los valores y los ideales que tengo ahora. Que son las únicas cosas importantes que me van a ayudar a no bajar los brazos nunca, por más que todo se ponga difícil a veces.

Porque sé que esas cosas son las que más importan.

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