Cerca de casa, a unas dos cuadras, hay un centro comunitario de salud. Recuerdo que antes, de chico, me llevaban a la guardería que funcionaba ahí. Típico lugar donde te metían en una habitación con otros nenes, unos bloques de madera, unos legos, unos rompecabezas (de esos boludones que son como seis piezas grandes) y a pesar de todo, era uno de mis lugares favoritos. La cosa es que fui ahí hoy a la tarde para sacar un turno para el clínico, por un dolor de garganta que tengo hace varias semanas y que me venía preocupando.
No suelo ir seguido. Primero porque siempre hay gente que se la pasa peleando por el lugar. El sistema es así: si los turnos se empiezan a dar a las 11.30 de la mañana, ya hay gente desde las 8. Cuando vos llegás, ya tenés veinte personas adelante. Y el clima se pone tenso cuando sólo se da una docena de turnos.
Los principales conflictos son: "Ésta señora se fue y vino recién...", "Vos no venías atrás mío"... etcétera. Me rompe mucho que todos andemos con los nervios a pleno por todos lados. Y no me queda más que incluírme. Pero no hay situacion más jodida que pelear por la salud, que es lo que sucede todo el tiempo en el centro de salud al que me refiero.
El personaje en cuestión al que hago mención en el título apareció a las 10.45, preguntando quién era el último para los turnos del clínico. "El clínico", cabe la aclaración, es un doctor que atiende cualquier tipo de consulta y si lo considera un caso de poca gravedad, lo medica y listo. Sino, deriva al paciente a otro médico o a otro hospital.
Yo estaba en el tercer lugar. Y el personaje recién llegado empezó a contar a los que estábamos esperando. Saludaba a todo el mundo, al policía de seguridad, a la chica del mostrador, a las madres que esperaban en pediatría, a todos. El hombre llevaba puesta ropa deportiva, el pelo negro oscuro y el flequillo rubio, piercing de picos en la ceja derecha y era muy delgado. Su voz chillona y su risa quebraban el silencio de la sala de espera.
Todo bien hasta ahí. A las 11.35 nos llamaron para armar la fila y que se empiecen a dar los turnos. Me acerco y cuando me doy cuenta, en el tercer lugar ya estaba él. "Disculpá, pero atrás de él vengo yo. Soy el tercero...", le aclaro mientras él da un paso atrás dándome una mirada de arriba hacia abajo totalmente despectiva. Disculpá por haberte dicho cómo son las cosas.
"De acá ya no me muevo mas", dijo prepotentemente cuando los que estaban atrás mío lo iban haciendo retroceder. Y claro, la fila supuestamente se arma así, pero se ve que el tipo no lo sabía. O se hacía bien el boludo.
De repente el tipo sale de la fila y se pone al lado del primer lugar, con los brazos recostados sobre el mostrador, onda "no me tengo que tragar la fila". Me dió gracia. Tanto escándalo para nada.
Al lado de la fila para clínico, estaba la de ginecólogo, con unas 30 mujeres. Y salta la pelea: "Señora usted no estaba atrás mío", le dice una mujer a la que venía después de ella. "Yo estaba, pero me tuve que ir un rato", le responde la señora de atrás.
"Ay, así cualquiera. Yo también tengo que limpiar mi casa y no por eso me voy. Me quedo acá", se mete el tipo del flequillo rubio. Ahí le pude dedicar mi primera mirada de sorpresa. Si hay algo que me molesta bastante aparte de la pelea barata en lugares públicos, es que gente que no tiene nada que ver se meta a apagar el fuego con nafta. Y más si es una persona que se mete para cagarse de risa o llamar un rato la atención.
Después mientras daban los números para ginecología, la chica que atendía preguntaba a las señoras cuál era el número de su historia médica. "No sé", "No me acuerdo", "Ni idea", le respondían sucesivamente.
"Flequillo platino" y la chica del mostrador se cagaban de risa en la cara de las pobres doñas que no sabían que el número de historia es el mismo del documento, como me explicaron los médicos en anteriores ocasiones. Sea un error boludo o no, no merece la carcajada o la burla de dos idiotas en la cara. Yo llego a acompañar a mi mamá y se le ríen así, arde Troya. No me gusta el "bardo público", pero tampoco la falta de respeto que muchas veces los empleados públicos le dan a cualquiera.
Y tampoco me gusta, por si hace falta aclarar, la actitud de loca mala y escandalosa. Si elegiste una sexualidad distinta y tenes valor y seguridad, te felicito. Pero tenés una personalidad de mierda y me alcanzaron menos de 40 minutos para darme cuenta.
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